En lugar de organizar el CONCURSO DE CORTOMETRAJES que organiza anualmente Supelaur en Orozko, este año, habrá una PROYECCIÓN DE CORTOMETRAJES en euskera. Tendremos la oportunidad de ver 7 cortometrajes producidos en Eukal Herria y en euskera.
Esta actuación forma parte de la iniciativa LABURBIRA (https://laburbira.taupamugimendua.eus), una actuación itinerante que durante el mes de marzo pasará por diferentes localidades de toda Euskal Herria. En Orozko la actuación será el 27 de marzo. A las 19:00 en Donibane Aretoa
RUTA DE LOS KIRIKIÑAUSI
ERICERAS
Los Kirikino-hesi (“Kirikiñausi” en dicción actual) son unas estructuras, normalmente circulares, donde se almacenaban las castañas en los montes. Así se evitaba que los animales comiesen y desperdigasen el fruto cosechado. En origen fueron de “seto”, -ramaje entrelazado- y sólo sabemos de ellos por la documentación, ya que desaparecieron sin dejar rastro. Con el paso del tiempo y el aumento del negocio de la castaña se construyeron de piedra.
EL RECORRIDO
La abundancia de aguas en Usabel fue aprovechada por una antigua ferrería, cuyo canal seguiremos. Más adelante, nos sorprenden las ruinas de la central eléctrica que nunca llegó a funcionar. Luego nos encontramos con el gran horno de una bella tejera (XVIII) en el idílico paraje de Arearrieta. Continuando junto al río pronto nos toparemos con las primeras ericeras, para apilar las castañas con sus erizos -corteza espinosa del fruto-, para que se sazonasen durante semanas. Las castañas fueron una gran fuente de riqueza ya que, además de para el consumo local, se recolectaban para exportarlas a Europa vía marítima. En esos mismos parajes de Atxurikoerreka, según creencia popular, las lamias -personajes mitológicos- que allí habitaban, hacían la colada de sus hermosas sábanas de lino. Las ruinas del antiguo molino que sería a la vecindad de Urigoiti añaden más encanto si cabe al lugar. Caminando por su cauce excavado en la roca pronto llegamos al lugar más rico en castaños que, como gigantes retorcidos en la niebla, dominan el paisaje. Las ericeras se tornan cada vez más numerosas y grandes, tanto que en ningún otro lugar la encontraremos de esas dimensiones.




